Historia
Cuando los primeros conquistadores europeos llegaron a La Gomera en el siglo XV, los habitantes de la isla ya se comunicaban mediante el lenguaje silbado que ha pervivido hasta nuestros días.
Como sucede con casi todo lo relativo a los pobladores prehispánicos de las Islas Canarias, en las explicaciones acerca del origen del silbo gomero se funden historia y leyenda. En realidad, ambas son distintas maneras de narrar los mismos hechos, aunque en la segunda éstos aparezcan envueltos en elementos literarios de los que es necesario extraer acontecimientos reales.
El lenguaje silbado de La Gomera no es el único de estas características que existe en el mundo pero sí el utilizado por mayor número de personas, el que representa a una comunidad más amplia y el que goza de mayor protección legal para su revitalización y salvaguarda. Ya Herodoto, en el siglo V a. de C., menciona a unas tribus trogloditas que habitaban al oeste de Egipto y se comunicaban con silbidos. Una leyenda, recogida por diversos autores, habla del castigo que los romanos habrían impuesto a una tribu rebelde del norte de África, cortando la lengua de todos ellos y desterrándoles al actual archipiélago Canario. En cualquier caso, el origen norteafricano de los primeros pobladores de Canarias, llegados a las islas a finales del neolítico, unos 2.500 años a. de C., parece aceptado por la mayoría de los especialistas. La posibilidad de que durante ésta, o en posteriores migraciones, el silbo fuese traído por gentes del Medio o Alto Atlas no ha podido ser aún demostrada aunque se están iniciando investigaciones en este sentido.
Lo que sí está sobradamente documentado es que cuando los primeros conquistadores europeos llegaron a La Gomera en el siglo XV, los habitantes de la isla se comunicaban mediante el lenguaje silbado que ha pervivido hasta nuestros días. Naturalmente, la lengua que se reproducía mediante el silbo era la de los aborígenes, pero el exterminio de una gran parte de la población autóctona llevada a cabo por Beatriz de Bobadilla y Pedro de Vera tras la rebelión de los caudillos insulares contra Hernán Peraza el Joven en 1488, y la posterior castellanización de la isla en todos los aspectos, hizo que el silbo gomero, en lugar de desaparecer, reprodujese el castellano para el mismo fin que siempre había tenido: la comunicación a distancia.
Así, se convirtió en el lenguaje empleado por los campesinos para transmitirse órdenes desde el fondo de los valles hasta lo alto de los bancales que fueron construyendo en la parte alta de los barrancos; para enviar noticias de una población a otra; para convocar a la población dispersa de los caseríos; en fin, para todo lo relacionado con la vida cotidiana y con los sucesos excepcionales. Durante las épocas de represión padecidas en la isla y en la Guerra Civil el silbo gomero fue empleado como lenguaje secreto, aunque esa nunca haya sido su función primordial.
La segunda mitad del siglo XX trajo consigo un cambio drástico en la economía y la forma de vida de La Gomera. Una profunda depresión económica y un notable abandono institucional, forzaron a la emigración de miles de gomeros, especialmente hacia Suramérica y, más en concreto, hacia Venezuela. A partir de los años sesenta, el desarrollo turístico de Canarias atrajo también a muchos habitantes de la isla hacia Tenerife. Y, por último, el desarrollo de las nuevas tecnologías aplicadas a la comunicación cambió los modos de vida tradicionales. Todo ello concluyó en que, a finales de los años ochenta, apenas unas decenas de personas mayores conocían bien el silbo gomero y lo practicaban.
Esta situación de abandono de una tradición arraigada en la isla y representativa de todo el archipiélago canario, indujo a diversos agentes sociales y parlamentarios nacionalistas de La Gomera a proponer ante el Parlamente y el Gobierno de Canarias medidas para la revalorización y salvaguarda del silbo gomero. La respuesta de ambas instituciones fue muy positiva y gracias a ello se elaboró una legislación que protege el lenguaje silbado de La Gomera y lo convierte en contenido de la enseñanza Primaria y Secundaria Obligatoria de los colegios de la isla.
Por primera vez en la historia, el Patrimonio Oral e Inmaterial de una comunidad se protege mediante un ordenamiento legislativo que no se limita a recomendar medidas ni a colaborar con iniciativas privadas, sino que incluye dicho Patrimonio en el ámbito de las competencias gubernamentales. Esto supone un hito en la percepción de cómo los Estados pueden defender sus tradiciones y conservarlas, haciendo partícipes de ellas a las nuevas generaciones.
